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Desarrollo integral del adolescente

1. Etapa importante del desarrollo humano
La educación sexual de todo ser humano es considerada una formación integral, ya que abarca los aspectos físico, psíquico, afectivo y espiritual de la persona humana.


Sin lugar a duda, en la adolescencia el desarrollo natural del ser humano, los cambios internos y externos, la inestabilidad emocional, el anhelo de mayor libertad y autonomía, están presentes tales aspectos particulares son de gran interés para todos en el trato humano cotidiano, pero de manera principal para los padres de familia, maestros, catequistas y otros formadores de la edad de la pubertad.


Con frecuencia, se habla de las fortalezas y debilidades del adolescente, pero mayormente se tiende a referirse a una etapa difícil, de rebeldía e inconformidad y para algunos insoportable y muy crítica. A pesar de este panorama en gran parte acertado y complejo, no hay que dejar de considerar la etapa tan necesaria y útil del desarrollo humano, que da lugar a verdaderos cambios trascendentes para todo individuo humano y para la sociedad con la que convive.


Según los expertos, la adolescencia en una etapa natural del desarrollo humano, caracterizada por cambios notables y frecuentes. A veces se dan actitudes semejantes aunque desfasadas en los adultos, a las cuales hay que prestar mayor atención e infundir un fuerte deseo de superación.


Aunque en el adolescente hay diversos signos de inmadurez, es una etapa de despertar a la realidad, va naciendo un verdadero espíritu crítico que descubre cualidades y defectos, se va desarrollando la verdadera personalidad. Por eso se suele llamar la edad del discernimiento 1, porque debe ir aprendiendo a tomar decisiones que de alguna manera marcarán su vida. Por eso la adolescencia es una etapa muy importante del desarrollo humano.

2. Algunas características notables en la adolescencia


A) Rebeldía
Cada ser humano necesita sus espacios de individualidad y de libertad. En la adolescencia se empieza a estructurar la personalidad y se va dando un sentido crítico, va descubriendo otros modos de hablar, de actuar, de vivir.
La tendencia preguntar el por qué de algunos mandatos o prohibiciones y a veces expresar el desacuerdo en una actitud común y frecuente en el adolescencia. Las virtudes de obediencia y humildad deben ser infundidas en los adolescentes, razonando con ellos y enseñándoles las ventajas de ser dóciles y comprensivos ante las exigencias.
B) Crisis
En sí el término crisis (del griego ??????) significa distinción, elección, juicio, formación de criterio. La crisis afrontadas adecuadamente ayudan a profundizar y a hacer nuevos planteamientos.
Hay que aceptar que el adolescente tiene que pasar por crisis, las cuales son necesarias y deben resultar benéficas, si saben ser aceptadas y manejadas adecuadamente.
C) Agresividad
Cuando en la familia, en la escuela o con los amigos, se da una serie de conflictos sobre todo internos, surgen en el adolescente actitudes de agresividad, generalmente repite el tono o las palabras con que se dirigen a el e incluso usa los argumentos que se han utilizado sobre sus decisiones: "No quiero", "Ya lo decidí", "No me interesan tus problemas".


Cada adolescente, aunque le cueste aceptar o comprender lo que le piden sus padres, debe escucharlos y respetarlos. Aunque no siempre esté de acuerdo con las motivaciones o la forma como se le requiere, debe esforzarse por cumplir con prontitud y exactitud lo que sus formadores le presentan como una exigencia actual.
Al respecto, San Pablo se dirige a los hijos de modo general, con recomendaciones que caben con gran precisión para el adolescente: "Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios" (Col 3,29). Y dirige también una exhortación a los padres de familia, pensando quizá principalmente en los momentos que comparten con el adolescente: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor" (Ef 6,4).



3. Actitud del educador ante el adolescente
Los educadores deben armarse de paciencia y comprensión hacia el adolescente, y no despreciarlo, ni hostigarlo. Hay que estar cerca del adolescente.


La educación integral del adolescente para ser efectiva requiere combinar armónicamente amor y exigencia. La disciplina es una exigencia externa de las obligaciones, fundadas en valores, que deben ser presentadas en forma motivadora.


El tratarlos con tanta rigidez, como permitirles todo, puede traer nefastas consecuencias. Hay que exigirles mucho para que rindan lo más que puedan, pero brindarles mucho cariño, diálogo, atención, compañía, como lo requiere la etapa de su vida.


Es un error muy común que se diga que es más difícil crecer a un muchacho que a una muchacha o se afirme lo contrario, y se añade el "por qué" con una anécdota muy limitada y parcial. Se equivoca también el que compara a sus hijos unos con otros, señalando su carácter o alguna virtud de uno y el defecto del otro: éste es más obediente y el otro, rebelde, éste es más cariñoso y el otro, arisco, etc.


Hay que conocer a los hijos, aceptarlos, valorarlos y amarlos. Y por amor, ellos aceptarán las corrección y las oportunas llamadas de atención en vistas a crecer y superarse.

4. Realidad actual del adolescente
Actualmente, por los recursos actuales y su accesibilidad, el adolescente tiene una información más abundante del mundo real, pero consigue asimilar menos los valores, porque no encuentra tiempo ni criterios de apoyo.


Así, por ejemplo, hay adolescentes que tienen miedo a morir por lo que han visto y oído de la muerte, no de modo natural, sino misterioso, destructivo y trágico.


No encuentra el adolescente un soporte o estructura para conocer los valores.


Conviene advertir que, en los momentos de conflicto entre los padres y el hijo adolescente, saldrá más satisfecho y en paz el que tome una actitud sabia y prudente: no pelear ni sostener discusiones interminables, sino aprender a negociar, es decir, llegar a un acuerdo, no imponer, a menos que haya algo mal que sea importante evitar o se trate de una obligación grave que cumplir, y no darle más importancia a las cosas y a las palabras que a las personas, llenando el corazón de paciencia y humildad, por amor a Dios.

5. Conclusión
La adolescencia es una etapa de desarrollo y hay que aceptar que el adolescente tendrá que tomar decisiones.
Hay que dar al adolescente la oportunidad para que sea responsable.


No hay que "engancharse" sentimentalmente con ellos, sino ofrecerles de varias maneras los instrumentos que necesitan para su auténtico desarrollo.


Si un padre de familia tiene miedo y le repite a su hijo que puede fracasar, es posible que lo conduzca al fracaso. Los padres de familia deben ser conscientes de la fuerte influencia que de hecho ejercen sobre sus hijos, particularmente en la adolescencia. Cabe resaltar la importancia el entendimiento de la pareja humana para ayudar al verdadero desarrollo integral de los hijos.


Concluimos con la exhortación del Papa Juan Pablo II: "Cada niño que viene a este mundo deberá construir siempre una nota distintiva e irrenunciable de los cristianos, especialmente en las familias. Así los hijos, a la vez que crecen serán una preciosa ayuda para la edificación de la comunidad familiar y para la misma santificación de los padres" 2.


Les invitamos a la próxima sesión de la Asociación de Médicos Católicos de Yucatán acerca del tema: "Desarrollo sexual del adolescente", que será expuesto por el Dr. Roberto Carrillo Ruiz, en el anexo parroquial de Fátima el próximo lunes 17 de enero, a las 8:30 pm. Todos tenemos algo que aportar y algo que aprender todos los días, sobre todo en el trato con los adolescentes. Les esperamos.



Mérida, Yucatán, México. Enero de 2005.



† S. E. Mons. José Rafael Palma Capetillo,
Obispo Auxiliar de Yucatán,
Asesor de la AMCY


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1. El CODIGO de DERECHO CANÓNICO (año 1983) señala que la edad propia de la confirmación es "en torno a la edad del discernimiento o discreción", que equivale a la adolescencia, ya que se suele aplicar entre los 9 y 18 años.
2.JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Familiaris consortio, Roma 1981, n 26